sábado, 26 de febrero de 2011

Los sillones cómodos…

¿son directamente proporcionales al temor de quién se sienta?

Divagaciones mientras me sacaban un par de muelas.

El buen hombre, al que le tengo poca simpatía, por no decir terror, hacía su trabajo. Tratando de relajarme pensaba, la verdad no hay sillón más cómodo que el del dentista, además con un botoncito podés ponerlo de las mil y un formas. ¡Las siestas que me dormiría!, pero uno lo ve como un instrumento de tortura.

Y los que tienen terror a volar, ¿se darán cuenta que el sillón es de lo más cómodo? (ojo, no hablo de la distancia entre asientos, que es vergonzosa). Seguro que no.

Por otro lado, las sillas de café no son muy cómodas, pero los momentos son bien placenteros.

¿Habrá alguna relación entre la comodidad del sillón y el placer (o no) de la actividad que en él se desarrolla?

Les dije que era un desvarío. ¿Habrá sido la anestesia?. Mejor sigo con la tecnología.

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